Lenguajes y Narrativas Visuales

Cómo encontrarla

De Tomás Bertero

La dualidad en torno al debate de la felicidad generalmente se basó en definir si ésta existe sólo por momentos fugaces o bien si es un estado permanente del ser.
Muchos conformistas dicen que la felicidad se trata de “compartir un mate”, el beso de una madre, estar acompañado de una persona determinada, el sexo, etc”. Podríamos enumerar infinidad de momentos pequeños que, al fin y al cabo, no dejan de ser placeres mundanos.
En base las respuestas obtenidas de una encuesta a personas de mi pueblo, puedo afirmar bajo mi criterio, que la felicidad no es más (ni menos) que el resultado de la coherencia entre el ser y el hacer, previo paso por el autoconocimiento y siempre liderado por un sentimiento de amor. El amor, como sentimiento cuasi mágico del universo y no reducido a una persona o a un objeto en particular, es el responsable de mantenernos en un estado de felicidad que implica siempre ser fiel a lo que sentimos. Encarnalizar ese sentimiento nos da la tranquilidad de nunca corromper nuestra esencia y vivir en una sintonía finísima y esclarecedora que nos aporta un estado de bienestar constante. Esto no implica que estos estados se vean interrumpidos por momentos de crisis, aprendizajes, confusiones y mesetas emocionales. Todo ello es parte de la evolución y la construcción de un Ser auténtico.
Si realmente trabajamos en saber quiénes somos, que queremos y lo que en realidad sentimos, pues estamos en el inicio de la vivencia del amor propio, que es la base del amor universal.
De todo lo mencionado anteriormente podemos desprender dos palabras claves: “Autoconocimiento” y “Compartir”.
Como conclusión puedo decir que para mí la felicidad se puede percibir cuando somos niños y aún no tenemos juicios terrenales y sólo queremos divertirnos. Luego la vamos ocultando tras un velo mientras vamos cumpliendo patrones impuestos. El desafío más interesante es que, mientras vamos creciendo, está en nosotros correr ese obstáculo que nos enceguece para poder recuperar esa inocencia pura, sin filtros ni contaminaciones que teníamos en nuestro patrón de comportamiento y que nos impedía sentirnos cómodos con nuestro existir, para dar lugar a una vida coherente y armoniosa en post de alcanzar nuestros verdaderos sueños.
La felicidad consiste en jugar. ¿Jugar a qué? Al juego que más nos guste. Tan simple y complejo como eso.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.